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El Futuro de la Industria de la Moda

Las noticias de Alber Elbaz fuera de Lanvin después de 14 años y que hace un par de semanas Raf Simmons se dejara Dior pone en evidencia los grandes cambios que están sucediendo en la industria de la moda.

En un principio, la declaración de Simmons afirmaba que era una separación amistosa y que él quería dedicarse más a su propia línea (mismo discurso utilizado por Marc Jacobs hace un par de años cuando salió de Louis Vuitton sin que hayamos sabido nada de ella), pero después salió a la luz que tenía que ver con diferencias en el salario, y la inmensa presión que existe con los directores creativos de las marcas por hacer 7 colecciones, o más, al año,  atención a clientes, aumentos de ventas a cifras de doble dígito, ser los reyes de las redes sociales, además de  la atención a clientes.

Este año comenzaron las alertas rojas cuando Alexander Wang no renovó su contrato con Balenciaga y Donna Karan fue forzada a dejar la dirección creativa de su propia marca. Ralph Lauren dejó de ser el CEO de su compañía y Gucci contrató a Alessandro Michele como el reemplazo de Frida Giannini.

Este miércoles WWD anunció la salida de Alber Elbaz de Lanvin después de 14 años.  Esto trajo como consecuencia muchas especulaciones sobre qué es lo que realmente está sucediendo en la industria.

Una semana antes, Elbaz había dado un discurso en el evento de la Noche de las Estrellas, donde hablaba de la falta de tiempo para creatividad que padecían los directores de las grandes casas de moda: “Los diseñadores comenzamos con sueños, intuiciones y sentimientos. Nos preguntamos ¿qué es lo que quieren las mujeres?, ¿qué es lo que necesitan?, ¿qué es lo que puedo hacer para hacer que sus vidas sean mejores y más fáciles?, ¿cómo puedo hacer más hermosa a una mujer? Y después nos volvemos directores creativos, entonces tenemos que crear, pero más que nada, dirigir. Y ahora nos tenemos que volver creadores de imágenes, asegurándonos que se vean bien en las fotos. La pantalla tiene que gritar, y esa es la regla, ya que el escándalo es lo de hoy, es lo “cool” y no sólo en la moda. Yo prefiero los susurros. Creo que son más profundos y duran más tiempo”.

En su carta a los medios al anunciar su separación de la firma francesa, termina con una frase “peculiar”: “Le deseo a la casa Lanvin el futuro que se merece entre las mejores casas de lujo francesas, y espero que encuentre la visión de negocio que necesita para encontrar el camino correcto hacia el futuro”…

En una entrevista hecha por The New York Times a Pierre Bergé, publicada el 28 de octubre, él expresa que: “El tiempo de Chanel, Balenciaga Dior y, claro Yves, se ha terminado… Segundo, también la era de la Alta Costura. Acabada para siempre… Es por eso que lo que llamamos lujo el día de hoy, es completamente ridículo. Para mí, la industria ahora en su totalidad, el dinero y el marketing, son como una mentira”.

Continua diciendo: “La percepción actual de la gente sobre el lujo ha cambiado de una forma extraordinaria. Su concepto sobre lo que es la moda es completamente diferente a lo que Yves creaba, eso ya no existe… Una bolsa, que una mujer lleva a todos lados… no puedo imaginar cómo eso puede ser considerado lujo. No lo es.”

Susy Menkes en un artículo titulado: “Why Fashion is Crashing” para Vogue  comenta que para cualquier diseñador de una casa de lujo, un desfile exitoso nunca es suficiente. La película se tiene que pasar una, otra y otra vez. En febrero y marzo son las colecciones Prèt-à-Porter, en mayo las colecciones Crucero, julio, Alta Costura; septiembre Prèt-à-Porter otra vez; noviembre, Resort.

Además de esto, hay que añadir las campañas comerciales, las apariciones personales, las aperturas de tiendas, las visitas globales, los trunk shows, las exhibiciones en museos, las entrevistas, las fotos de Instagram; y la gente se pregunta si los diseñadores están preparados, o son capaces de aguantar el paso…

Como mencionó alguna vez Elbaz, los diseñadores ya no tiene tiempo para inspirarse y menos para tantas colecciones, aún cuando tienen una gran cantidad de asistentes, ya que no tienen el bien más preciado para ellos: tiempo.

Sabemos que con la entrada en la industria del magnate español Amancio Ortega y su exitosísima Zara, todo cambió. La avidez por nuevas prendas cada dos semanas en tienda, el acceso a los consumidores masivos ha hecho que las casas de alta costura estén buscando aumentar sus cifras de crecimiento cada vez más para poder competir con estos gigantes de moda rápida.

Pero en realidad lo que no nos hemos dado cuenta es que son dos negocios completamente distintos dentro de la industria de la moda: la Alta Costura es aspiracional, exclusiva, excluyente… con temporadas definidas y que, por definición tiene ritmos de crecimiento más lentos.

La moda rápida es eso: nuevas prendas cada dos o tres semanas, accesible, calidad cuestionable en la mayoría de los casos que permiten que el consumidor satisfaga sus necesidades inmediatas sin tener que esperar los procesos que requieren la creación de las colecciones de la Alta Moda.

No quitamos el mérito ni importancia a marcas como Zara, H&M o Forever 21. Al contrario… Nos permiten a todos los que no podemos acceder a prendas tan caras, el vestirnos de una forma similar y poder cambiar piezas del guardarropa cada temporada.

¿Pero qué pasará si se acaba la Alta Costura? ¿De dónde se van a alimentar todas las marcas de moda rápida?

Su modelo de negocio está basado en dar a los consumidores prendas que se ven en las pasarelas de Milán, París y Nueva York, a precios accesibles con una rotación impresionante. Pero ninguna de estas marcas tiene la capacidad creativa para dar esta oferta de producto sin la existencia de las grandes casas de moda.  Ellas “transforman” el lujo de las pasarelas internacionales y las digieren para el consumidor masivo.

Sabemos que la forma de consumir ha cambiado mucho en los últimos años y que ahora todo es inmediato y desechable, pero ¿qué va a pasar entonces con el concepto aspiracional que tiene la moda?

El fichaje de diseñadores jóvenes y con brevísimas trayectorias en la industria les permite a las casas de alta costura seguir el modelo de negocio en donde lo más importante son los beneficios. El diseñador, la tradición de la casa y el estilo pasan a segundo o tercer plano. Lo importante son los reflectores, el escándalo, las portadas. Incluso Vogue ha caído en esto otorgando portadas a “figuras” como Kim Kardashian que es la antítesis de la moda y el buen gusto. Posiblemente aún no se han dado cuenta que al hacer que los diseñadores sean desechables, están logrando que los consumidores tengamos ese mismo sentimiento.  El promedio de permanencia de los creadores en los últimos años en las casas de moda, ha sido de 3.5 años.

¿En realidad es más importante el escándalo y las ventas que la belleza, la tradición, el estilo y el buen gusto?

La situación tampoco está fácil para editores y compradores que tienen que seguir con estos calendarios imposibles. Las presiones para alcanzar cifras de ventas, agravado por las ventas en línea y la velocidad del mundo digital, han exacerbado esta situación.

La presión de los medios por fichar a figuras de la farándula, que son las estrellas de redes sociales, están haciendo que se pierda la esencia de lo que es la moda en realidad.

Y en la presentación de las últimas colecciones de primavera 2016 quedó plasmado claramente que son muy pocos los creadores que tienen tiempo para inspirarse y proponer cosas nuevas. La mayoría presentó cosas que ya se habían visto hace dos o tres temporadas, sin cohesión entre las colecciones, sin un estilo definido en la mayoría de los casos.

Y sí, la moda rápida nos permite adquirir un mayor número de piezas y estar en tendencia, pero jamás nos va hacer sentir la misma magia que sentimos al usar una pieza que tiene un corte perfecto, que tiene una calidad en la tela que da el sentimiento de estar entre nubes o el poder de conquistar el mundo porque te hace fuerte y poderosa.

¿Será que en realidad la industria de la alta moda está en etapa terminal y, sin darse cuenta el fast fashion está condenado a morir junto con ella?